Marrón y castañas de otoño.

Todo el mundo tiene algo que decir de las estaciones. No las de tren, sino esas de verano, invierno, otoño y primavera. De todas ellas, otoño podría ser la que más indiferente deja a la gente. A la gente normal. El invierno con su frío y sus estampas blancas, la primavera con sus flores que van saliendo, coloreando todas las emociones, el verano con su sol y playa… ¿y el otoño?

El otoño llega casi sin avisar, con sus hojas cayendo poco a poco y agolpándose en los bordes de las aceras, crujientes bajo la suela del zapato de un niño, con las chaquetas que empiezan a agolparse en los percheros y en el Corte Inglés, como siempre va por delante de nosotros, ya ha llegado el invierno.

Otoño es de color marrón. ¿Vosotros no le ponéis color a las cosas? Seguro que sí. A las cosas intangibles, claro, esas que no se pueden ver o tocar. Por ejemplo, cuando me hacía los horarios del colegio, el conocimiento del medio era de color verde, supongo que por eso de la naturaleza y los árboles, y las matemáticas siempre estaban en rojo. Posiblemente porque me daban pánico. Pues las estaciones igual. Y otoño es marrón. A lo mejor es porque así es el color de las castañas. De las castañas del magosto. En Santiago de Compostela – y en otros sitios de España y Portugal – todos los otoños (entre finales de octubre y noviembre), hay una tradición popular, que se celebraba cada año como agradecimiento por la cosecha de la temporada y en Galicia se llama magosto, que no es ni más ni menos que reunirse a asar castañas y bueno, pues comérselas. No va a ser tirárselas a la gente, vaya (Lo cual estaría bastante bien, porque más de uno se pondría fino a castañazos, pero tampoco es plan).

Pues desde aquel año que pasé estudiando en aquella ciudad maravillosa en la que apenas llovía (en vez de paraguas vendían canoas), me llevé el recuerdo del olor de sus calles en octubre, un olor a castañas asadas que no era de castañas, sino de casa. De paz y tranquilidad. De abrazos. De abrazos que no tenía. Cuánto dolieron los kilómetros aquel año… Uno se puede acostumbrar a muchas cosas, y dicen que también te puedes acostumbrar a la distancia. Pero soy de las que piensan que un día el pecho te dolerá tanto que tendrás que volver a casa. Aunque no sólo con la distancia te aprieta el pecho. También pasa con las historias.

 “En otoño llegan los abrazos. La gente empieza a perder el miedo. En invierno llega el frío y el quedarse en casa. La gente se esconde entre las sábanas. En primavera todo resucita. Vuelve a salir el sol, y sus rayos inundan todo, hasta las sonrisas. La gente sale a la calle y empieza a tener calor. En verano llegan las despedidas… y vuelve el miedo”.

¿y a quién no le gusta escuchar que otoño tiene el color de las castañas y el calor de los abrazos?. Que en invierno la gente se aprieta, que en primavera se resucita. ¿Y a quién no le aprieta el pecho al pensar en verano? A pensar en volver a tener el corazón helado. Lo mejor que podemos hacer en cualquier caso, es no pensar. O pensar en silencio, sin decir nada. Como si no pensaras lo que estás pensando. Como si no pasara nada. Fingiendo que lo único que pasa, es el tiempo. Porque si no lo dices, es más fácil engañarte a ti mismo.

Afoto de un puesto de castañas (así en blanco y negro le da un toque más chic a la par que vintage)
Afoto de un puesto de castañas (así en blanco y negro le da un toque más chic a la par que vintage)
Anuncios

Un comentario en “Marrón y castañas de otoño.

  1. “El otoño llega casi sin avisar, con sus hojas cayendo poco a poco y agolpándose en los bordes de las aceras, crujientes bajo la suela del zapato de un niño”. Tremendamente poético.
    Lo de los colores es cierto, querida saltamontes. Imponemos colores a todo, a las herramientas, a la ropa, a los sabores, a las personas. Yo, por ejemplo, te veo color azul, porque eres tan tierna como nos dicen que son las nubes, esas que parecen como algodones. Eres tierna y a la vez inalcanzable.
    El otoño es vuelta a la realidad, a los miedos y a los silencios que nos ayudan, unos silencios que tapan, que envuelven, unos silencios tan agradables que a veces nos vuelven locos. Eso sí, el silencio también nos malacostumbra…

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s