Cosas de madres.

Sobre ellas se podrían escribir ríos de tinta, un universo de libros y un trillón de anécdotas. Pero yo he decidido resumir los puntos en un análisis que a mi juicio, me parecen más fascinantes, por ser características compartidas por muchas madres. No es que sea un estudio de esos que hacen en la Universidad de Wichita, que ahora está muy de moda decir que lo que dices es verdad porque lo ha dicho una universidad de Estados Unidos, pero bueno, también es válido.

  • No hay madre comunista con respecto a sus hijos. Somos propiedad suya. Esto es así y no podemos hacer nada por cambiarlo. En algunos casos, cuando hablan con otras madres, dicen tu nombre siempre precedido por el pronombre “Mi”. (por ejemplo: “Pues mi Sara no viene este fin de semana”, “se lo tengo que preguntar a mi Alejandro”).
  • Los interrogatorios del CSI se quedan en mantilla en comparación con el tercer grado al que te someten cuando vas a salir. Este tipo de actitud lo explotan durante la adolescencia, pero os aseguro que con 24 años, también te las hacen: “¿Vas a salir?” (aunque te vean vestida, poniéndote el abrigo y abriendo la puerta). “¿Con quién sales?” (te dan ganas de responder que con terroristas, pero te aguantas la tentación de ser una borde), “¿dónde vais a ir?” , “¿Llevas las llaves?”, “¿Cuándo vas a venir?”, “¿porqué en la Luna hay menor gravedad?”, “¿a qué huelen las nubes?” En definitiva, un millón de preguntas que ni Carlos Sobera en el 50×15, y llega un momento en el que te agobias, te dan ganas de abrir la puerta y gritar: “ME ACOJO A LA QUINTA ENMIENDA!” y salir corriendo.
  • Se toman como algo personal que no te acabes el plato de comida. Aunque hayas comido como si fuera tu último día en la tierra. Si no quieres tener problemas, más vale que rebañes el plato, porque como te dejes una mísera patata… ellas se limitan a entornar los ojos, te miran de reojo y dicen con retintín: “tanto decirme: tengo ganas de lomo relleno y te dejas la mitad del plato…” Porque por si no lo sabíais, el retintín es un recurso lingüístico que nos enseñan subconscientemente las madres. En él se combinan de forma magistral la ironía, el sarcasmo y el enfado. El retintín, esas sutiles pullas que se lanzan para intentar decir que estás cabreado sin decirlo directamente y hacer sentir culpable a la otra persona. Se pueden escribir tesis doctorales sobre esto.
  • Cuando sales del pueblo, ya sea a estudiar o trabajar y vives en un piso, te cargan de tuppers de comida porque “a saber lo que comer por ahí!”. A lo mejor piensan que donde vamos a estudiar no existen los supermercados, o que cuando vayas a hacerte un huevo frito al encender el fuego explote la cocina, o yo que sé qué cosas se les pasarán a las pobres mujeres por la cabeza. Ah, y cuando vuelvas, más te vale que traigas los tuppers. No entiendo muy bien esa obsesión por estos recipientes de plástico, pero puede llegar a ser enfermiza.
  • No se fían de las fundas nórdicas. Cuando vuelves al pueblo te encuentras tu cama con tus cuatro o cinco mantas y sus sábanas de franela y antes de irte a dormir te despides de toda tu familia por si no vuelves a despertar y tu cama se convierte en tu tumba. Porque no hay cuerpo humano que soporte esos siete kilos de mantas.
  • Los cómics de Marvel están inspirados en ellas. Tienen superpoderes, como el de encontrar las cosas que llevas tres horas buscando. Pero también tienen muy desarrollados los sentidos. Sobre todo el del oído. Es escuchar el crepitar de un vaso haciéndose añicos en el suelo, que de repente se hace un silencio y se escucha un grito a lo lejos: “QUÉ HA SÍO ESO?!?”. A mi por ejemplo me pasa mucho con el mando de la televisión. Hay una conspiración del universo para que siempre se me caiga el mando. Y no creáis que se cae al suelo y ya está. El mando de la tele es uno de esos aparatos malignos que cuando se cae hace un ruido del copón; se le salen las pilas, una acaba debajo del sillón y otra a algún rincón inaccesible del salón debajo de algún mueble. Y entonces, lo escuchas. Esa dulce voz en grito, ese estufido cabreado de madre.
  • Ya que hablamos de mandos, también es espectacular la doble capacidad que tienen de dormir y a la vez, controlar el canal de televisión que hay puesto. Puedes lograr arrebatarles el mando, pero una vez pulsas el botón y cambias de canal, estás perdido.
  • Nunca te van a ver feo, ni gordo. Siempre vas guapo. Aunque lleves puesto un chándal de los que te pones para ir a coger oliva, con lamparones de pintura, ¡qué más da!.

¡En fin! A su manera, todas las madres se parecen, pero cada una es un mundo. Nunca sabremos cómo son capaces de hacer la tortilla de patatas mejor que nadie y siempre nos gustará que nos cuiden cuando nos ponemos malos. Tengamos 15, 25 o 40 años. Por muy independientes que seamos. Porque ha sido la que más años te ha aguantado, la que más problemas ha tenido que solucionar por ti y la que más te quiere, aunque seas un desastre. Y porque madre… ¡sólo hay una!

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