Catálogo de fracasos

Si tuviera que hacer una lista de fracasos, seguramente sería muy larga. No me acuerdo de todos, pero podría contarte unos pocos.

Llevo fracasando desde que me caí por primera vez de esa bicicleta roja que tenía el sillín blanco, cuando mi padre le quitó esas pequeñas ruedas auxiliares que hacen que la bici parezca ortopédica. No recuerdo cuántas veces me caí, pero supongo que fueron bastantes, porque si te fijas en mi rodilla derecha, tengo una cicatriz de una de esas veces. No recuerdo cuántas veces fueron, pero sí recuerdo la primera. Tampoco recuerdo cuántos exámenes suspendí, pero sé que el primero fue de matemáticas. Y tampoco puedo decirte a cuántas personas he decepcionado, pero sí podría decirte el nombre de la persona que me sigue doliendo.

Es curioso cómo olvidamos o recordamos ciertas cosas en función de la intensidad de los latidos del corazón. ¿Los recordamos porque fueron primeras veces o porque nos hicieron latir muy fuerte? Seguramente nadie se pondrá de acuerdo en contestar esta pregunta. Por un lado estarán los médicos de la cabeza. Esos que son esclavos de la lógica y el raciocinio, esos que te tumban las esperanzas, esos que visten traje y corbata. Luego están los médicos del corazón. Pero no me refiero a los cardiólogos. No hablo de personas tituladas. Hablo de esas personas con las que solucionas el mundo en un bar un viernes por la noche cuando llevas más de tres cervezas. Cardiólogos cuya única carrera es la experiencia.

Estos dos cirujanos también viven dentro de cada uno de nosotros y operan a su antojo. Conoce más fracasos el del corazón que el de la cabeza. Pero si haces un repaso a tu historial de operaciones verás que recuerdas con más intensidad las que perdió el primero que las que ganó el segundo.

Fracasos.

Quizá esperabas leer una lista de fracasos. Lamento haberte decepcionado por haberlos olvidado. Lo único que puedo darte es la definición.

Fracaso es ruina. Fracaso es caída. Fracaso es destrozo. Fracaso es que esté lloviendo y tú no.